Descabezar o desprestigiar a Petro, esa es la consigna

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Descabezar o desprestigiar a Petro y repetir hasta el cansancio que Colombia se convertirá en la Venezuela de Maduro si Petro llega a la Casa de Nariño, es un lema sazonado con los mismos ingredientes de miedo que puso en marcha el uribismo en el plebiscito pasado y revivió al ya sepultado Centro Democrático.

Trinos desacertados y afirmaciones calumniosas parecen ser las banderas que ondean a lo largo del corto camino que lleva a la Casa de Nariño. Las propuestas para sacar al país del atraso, o disminuir los altos niveles de pobreza y corrupción, no son tan importantes para algunos candidatos como mostrar los trapos sucios de quienes, de acuerdo con las últimas encuestas, puntean en la intención de voto de los colombianos. El exprocurador Alejandro Ordóñez, quien según el columnista Ramiro Bejarano “suena más un amante en el clóset que Ordóñez en las elecciones”, ha lanzado en los últimos días más palos al aire a través de su cuenta de Twitter que un ciego intentando golpear una piñata. Sigue irrespetando con sus trinos homofóbicos no solo a la senadora Claudia López y a la representante a la Cámara Angélica Lozano, sino también a todas las mujeres del país cuya sexualidad no encaja con los patrones patriarcales bíblicos.

Así como el deslenguado profeta Juan el Bautista perseguía a la madre de Salomé por las calles de su provincia para gritarle puta, el “impoluto” exprocurador de marras se sujeta los tirantes para tildar a Lopéz y Lozano de machorras y calumniar con la amplia desfachatez que le conocemos. Trinar absurdamente que tanto la senadora como la representante hacen proselitismo para convertir a los jóvenes en homosexuales, no solo es acto de bajeza al que ningún hombre que se considere un caballero debe recurrir, sino una muestra más de su reconocido sectarismo religioso con el que busca sentarse en el sillón presidencial.

Sus canalladas travestistas con las que impartió sanciones en la Procuraduría, siguen alimentando sus deseos de poder y venganza. Insistir en relacionar a Piedad Córdoba con las antiguas Farc, hecho desvirtuado posteriormente por el Consejo de Estado al anular la sanción proferida por la Procuraduría de Ordóñez, se inserta en el mismo tipo de señalamientos y ataques contra el abogado y columnista de El Espectador Ramiro Bejarano. Llamarlo “comandante y amigo de Timochenko” no tiene otra intención que la difamación contra todos aquellos opinantes de medios que se alejan de su pensamiento retardatario y oscurantista.

Pero no es el único candidato que fundamenta su campaña presidencial en la mentira descarada, los ataques personales y el odio visceral. Germán Vargas Lleras, el peor de los aspirantes que tiene la derecha colombiana a la Casa de Nariño después del exprocurador, no solo por ser el representante visible del peor partido político de la historia colombiana en los últimos 20 años, avalador de mafiosos y criminales para cargos públicos, sino por todos esos señalamientos que lo relacionan con el paramilitarismo que desangró a Colombia en los tiempos de la Seguridad Democrática, no ahorra palabras ni escatima esfuerzos para irse lanza en ristre contra Gustavo Petro, a quien no vacila en calificar de “populista” cada vez que se acuerda que este puntea en la intención de voto a las presidenciales.

Repetir hasta el cansancio que Colombia se convertirá en la Venezuela de Maduro si Petro llega a la Casa de Nariño, es un lema sazonado con los mismos ingredientes de miedo que puso en marcha el uribismo en el plebiscito pasado y revivió al ya sepultado Centro Democrático. El mismo lema que agita en cada oportunidad el candidato de ese partido que funciona mas bien como secta religiosa, cuyas propuestas hasta ahora para arreglar al país de todos sus males es seguir utilizando a las Farc (las antiguas Farc) como gancho proselitista, cuando las nuevas Farc, las que algunos ‘agitadores profesionales’ se organizan para lanzarles huevos y piedras cuando salen a la plaza pública, se encuentran en el fondo de la tabla en las encuestas.

Este miedo, por supuesto, es como un cúmulo de nubes negras que gravita en los cielos de la patria, señales de fuertes tormentas que no solo arrancarán árboles de sus raíces y destecharán casas, sino que también desbordarán ríos y ahogarán ganado y aves de corral. Buscar que el país vea a Petro como una tormenta con fuertes vientos huracanados que arrasará los cimientos democráticos y convertirá a Colombia en una férrea dictadura, es una estrategia que los militares del continente aprendieron de sus pares del Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad, mejor conocida como la Escuela de las Américas, una organización creada por el Ejército estadounidense en donde se ha formado la gran mayoría de los dictadores militares de Latinoamérica, maestros en crear enemigos externos e imaginarios cuando los problemas internos de sus respectivos países los ahogan.

Esa campaña de difamación que busca poner al exalcalde de Bogotá en el último puesto de la fila que lleva al palacio presidencial, está más caliente en las redes sociales, en donde se han visto involucrados no solo estudiantes universitarios y profesionales de las distintas disciplinas, sino también figuras relevantes del periodismo y la literatura nacional como el destacado novelista antioqueño Héctor Abad Faciolince, quien la semana pasada fue tendencia en Twitter por calificar a Petro de “tramposo” y utilizar a un muerto como testigo para darle peso de autoridad a un hecho de difícil comprobación.

Pero más allá del rifirrafe estrictamente ideológicos en las redes, donde se le acusa al exalcalde de oligarca por usar unos zapatos de 500 euros, lo que para algunos de sus detractores es sinónimo de derroche, están las amenazas veladas a la integridad física, como lo denunció recientemente el ministro de Interior, Guillermo Rivera, en un comunicado. No hay que olvidar que hace 70 años el candidato presidencial más opcionado para llegar a la Casa de Nariño fue asesinado a tiros por un supuesto desadaptado que odiaba todo pensamiento de izquierda, y hace 29 el líder del Nuevo Liberalismo, Luis Carlos Galán, corrió la misma suerte cuando se prestaba a exponer las ideas de su futuro gobierno en la población de Soacha, al sur de Bogotá. Tampoco hay que olvidar que desde algunas tribunas de opinión no faltan los otros desadaptados que incentivan el magnicidio de figuras públicas, incluyendo presidentes en ejercicio, para restablecer una nueva democracia.

Las alarmas están encendidas, y la posibilidad de una agresión física al candidato Gustavo Petro están a la vuelta de la esquina: a su esquema de seguridad, no mayor de cinco hombres, le sería imposible reaccionar con eficacia ante las multitudinarias manifestaciones proselitistas del exalcalde.

En Twitter: @joaquinroblesza
E-mail: robleszabala@gmail.com

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