Mirando la paja en ojo ajeno

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Me había tomado un reposo para moderar muchas de las opiniones que tengo represadas frente a los procesos que vive el país en todas las índoles; pues no se puede negar que Colombia es un país que genera y en donde pulula mucho suceso y noticias); y en donde no falta el deseo de bullirle algo a alguien. Interpelo: Hace poco un amigo desde Europa me decía que allá no pasa nada y que la vida se torna así aburridora (punto de vista para debatir).
Como periodista social, directivo de medios de comunicación y candidato político que he sido, asumo una responsabilidad por las experiencias vividas en estos escenarios y manifiesto que se sigue librando una batalla con tintes maculados entre muchas partes. Todos dicen tener la razón queriendo contagiar o contaminar ambientes y vivientes con unilaterales posiciones, juego propicio para la heterogeneidad de las redes sociales, una verborrea de rostros congelados y testigos escondidos.
Hoy en los medios de comunicación participan varios frentes, entre los que podemos contar primeramente a los receptores del mensaje quienes consumen para saciar su aparato digestivo cerebral, determinante en el alimento de su pensamiento y por consiguiente de sus conductas.
Asimismo quienes producen bajo criterios propios o simulados, los contenidos listos para nutrir, reciclar o desechar. Están igualmente los actores de todo lo que se expresa, quienes permiten o no, que las historias se sucedan para el mejor postor, para el crítico desahuciado o para el más desgraciadamente vulnerable.
No he podido entender; o quizá no admito que sea una realidad, que la gente con cada noticia cotidiana o la opinión de sus líderes, pueda definir sus comportamientos ante la sociedad y se atolle soberbiamente de la controversia y sin resarcir nada. Solo palabras que llevan consigo puñetazos a la dignidad e intimidad de sus interlocutores, desconociendo e irrespetando la biografía e integridad de cada uno. Obviando con infamia, el cómo cada persona ha construido su vida con lágrimas y risas; en medio de cumbres borrascosas y rumbos fallidos a la misericordia del buen viento de caminos culminantes, tal vez. Mundos y destinos diferentes.
Apología al odio es el pan de cada día. Pocos se meten al ruedo y seguramente, nunca han sufrido las inclemencias del clima, sea el que sea. Incitan a detestar. No hay remedio. Se enceguecen en su propio yo. 
Hoy estamos en un proceso de paz, un partido más que podría decir análogamente, la selección Colombia de Fútbol, que tenemos que jugar en medio de otros juegos perdidos, para ver si por lo menos clasificamos a otro paso hacia la victoria.

 

Tristemente Colombia está dividida de acuerdo a las opiniones de sus “ídolos” o en pocos casos, a las propias; pero considero que aún necesitamos pedagogía sobre qué es la paz. Incoherentemente se ha creado un ambiente de guerra ante un término tan sublime y esperanzador. Unos condenan a otros, otros persiguen a los unos y se dilata un espacio desconcertante de intimidación por definir justicia a la manera de cada uno. -A ese paso la sopa nos va a quedar cruda y sin sal-.
Esta semana por ejemplo se tejieron varias noticias con relación al senador Alvaro Uribe y su familia. Tanto los medios como él mismo aprovecharon la coyuntura para desatar sus señalamientos y defensas ante lo que cada uno cree debe decirse como la única verdad, con un verdugo como árbitro al lado del Presidente de la República y de las Instituciones del Estado. Tanto parte del periodismo y Uribe se visten de jueces, en donde el ciudadano o campesino del común y corriente quedan en el limbo entre -un periódico de ayer- y -una sentencia por venir-.
No hay derecho que los dientes de estas peleas como entre perros y gatos, muerdan a quienes no tiene nada que ver en esta pelotera, y que ni una “aguapanela” se han tomado de los contrincantes que defienden sus propios intereses como fieras.
Es así como en este país a la hora de sacar un balance exhaustivo de responsabilidades y culpables, son muchos los que tendrían que ir a la cárcel, ser extraditados y reparar a sus víctimas; pero nadie quiere someterse. Nadie tuvo la culpa. Mucho lobo disfrazado. Todos inocentes señalando la barbarie vista a su modo.
La Real Academia de la lengua española dice que –terrorismo-significa: “Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por locomún de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos”.
Hay que analizar si los ciudadanos solo hemos sido víctimas del terrorismo de la guerra que hemos librado por décadas (Gobiernos, guerrillas, paramilitares, narcotráfico, delincuencia común, etc.). Por ejemplo ¿cuántas personas han sido asesinadas criminalmente sin la apropiada y digna atención por bandas organizadas en el negocio de la salud? u ¿otras manifestaciones de desamparo social de parte de politiqueros y funcionarios del Estado por la trampa y la corrupción que han desestabilizado el bienestar de miles de familias sometidas a la miseria, el hambre y la muerte?
¡Claro que en Colombia hay impunidad! ¿Quién tira la primera piedra?

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