¡Ni Santos ni Uribe quieren a Colombia!

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Una cruda realidad que se hace entrever con su absurdo pugilato

Tanto el expresidente Alvaro Uribe como el presidente Juan Manuel Santos salpican con sus caprichos y emociones a un país que los puso en sus cargos.

La inocencia, la humildad, la nobleza, el dolor y el sometimiento de una gran mayoría de buenos colombianos que confiaron en dos personas para un cambio determinante de vida, se han visto en la mofa, indolencia e indiferencia por las conductas de dos líderes que con su prepotencia, orgullo y alcances de poder se retroalimentan de los medios de comunicación, sus intereses y odios. Y a este circo se unen políticos, empresarios, ciudadanos, periodistas y otros profesionales que van tras de sus condiciones favorables según para donde sople el viento.

Las conversaciones con las Farc han sido, según lo veo hoy por los recientes acontecimientos escandalosos de ofensas personales, un plan mal programado e imperfecto. Creo que se comenzó al revés, pues las primeras mesas de paz debieron ser entre los grupos de Uribe y Santos; y con los colombianos atropellados por la guerra fuera de todos los bandos. Inclusive considero que estas conversaciones de mandos del gobierno y las Farc, han desconocido el sentir del país y de soldados e insurgentes rasos que son quienes han puesto y ponen sus pechos a las balas; entre ellos campesinos y jóvenes colombianos prestando su servicio militar. Tras de ellos sus familias.

Sutilmente y sagazmente, ingredientes que usan a su nivel Uribe y Santos, han logrado dividir al país según sus gestiones; han manipulado las emociones y hasta incidir en los pensamientos y criterios. Ellos hoy tienen su situación económica definida. Uribe goza de su mega pensión de casi 30 millones de pesos mensuales, la más alta de un ex presidente; y Santos con algo similar; ellos no sufren la crueldad del sistema de salud, tienen un empleo bien remunerado que los connacionales les dieron con sus votos, pueden viajar libremente por el mundo con sus familias, la educación de su hijos no se ve en aprietos y sus alacenas no dan abasto; pueden tener entonces mente para dedicar su tiempo a las ofensas y al show mediático entre ellos, menos a gobernar y legislar como debe ser, por lo social; y para lo que fueron elegidos.

Pero hoy cuando analizamos la situación real de la familia colombiana cuando el brutal, infame e injusto salario mínimo apenas araña la solución a las necesidades de supervivencia, da al traste con un país que sigue llorando sin compasión ni consuelo su pasado y una hemofílica memoria que atormentan sin vacuna.

Mientras Presidente, expresidente y acomodados a sus lados, justifican son sus verborreas la posición que ocupan; hay un país que está sumido y esclavizado en las pésimas administraciones, de la corrupción en todos los escenarios, de la delincuencia común y la inseguridad, de los actos subversivos e irregulares armados, del desempleo, de la inasistencia social del estado, la desprotección de la niñez y el adulto mayor; en sí, de la marcada violación permanente a los derechos fundamentales constitucionales.

Sinceramente, si alguna vez me sentí “encantado” por alguno de los personajes en mención; hoy me declaro “desencantado” como en los cuentos de hadas. ¡Claro! Mantengo mi sumisión ante la autoridad y el sosiego ante cualquier reacción a esta realidad. Solo queda esforzarnos y rogar por el respeto y la justicia por todos los colombianos de bien y emprender una brigada por un RESISTENCIA CIVIL contra la manipulación del pueblo a través del poder con las armas políticas y sus fueros.

por: Luis Antonio Gómez López – Periodista

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