
Era el año 2010, acabábamos de conmemorar el 121 aniversario de nuestro Glorioso y Centenario Colegio Miguel Grau de Abancay. Por última vez habíamos festejado el aniversario en la infraestructura en la cual nos habíamos formado, ya que poco tiempo después los pabellones serían demolidos para dar paso a la nueva edificación que hoy conocemos. Recuerdo que en esos días muchos ex alumnos fueron a recoger ladrillos de esos pabellones, un tesoro que hoy aun guardan en sus hogares.
Junto a mi hermano Robert y a nuestro amigo y su compañero de promoción Walter Robles Deza, no podíamos dejar pasar la oportunidad de despedirnos de nuestra casa de estudios, así que visitamos por última vez y con mucha pena a nuestro colegio, nos despedimos de esos pabellones que nunca más volveríamos a ver, de esas aulas que nos cobijaron por muchos años, de los patios en los que desfilábamos o formábamos o en los que jugábamos las pichanguitas. No solo se perdería la infraestructura, sino también con ella nuestros recuerdos porque ya no podríamos decir: «Yo estudié en este aula» o «en este aula pasé los mejores años de mi vida junto a mis amigos y compañeros».
Recuerdo que en ese entonces, al ver por última vez a nuestro querido Colegio Miguel Grau de Abancay, nos llenamos de tristeza, las lágrimas nos salieron de los ojos, pero eran lágrimas agridulces, agrias por toda la historia que se cerraba con la demolición; y dulces porque al fin nuestro colegio tendría una mejor infraestructura, acorde a lo que representa y con mejores condiciones para las generaciones venideras.
En el año 2017 cuando mi gran amigo Camilo Valenzuela Guzmán falleció, parte de mis ganas de ir a los festejos por el aniversario del colegio se me fueron, porque ya no sería lo mismo sin él. el 2019 volví a participar a pedido de algunos de mis compañeros quienes querían que me sume a la directiva que organizaría nuestras bodas de plata. El año pasado que cumplimos nuestros 25 años de egresados participé con el corazón roto por el fallecimiento de mi hermano Robert, cumplí con mi palabra de apoyar en la organización de las bodas de plata y posteriormente decidí dar un paso al costado para poder superar el dolor que aun siento.
El día de ayer se conmemoró el 133 aniversario del ahora Emblemático Colegio Miguel Grau de Abancay, no tenía el valor de ir a las festividades, sobre todo recordando ese 24 de octubre de 2010 en el que con Robert y Walter habíamos ido a despedirnos de nuestro antiguo colegio. Pero si quedo muy agradecido con la promoción 1988 que una vez más le rindieron homenaje a su memoria.
Todo lo que significa el Colegio Miguel Grau de Abancay es parte de mi orgullo, mientras que mis recuerdos de los años de colegio permanecen en mi mente y en mi corazón.
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