
Hay amigos que con simples acciones nos demuestran su valía, no hace falta que hagan grandes cosas para demostrar su amistad, con el simple hecho de brindarte su tiempo de manera desinteresada hacen mucho más que aquellos que solo buscan el beneficio propio disfrazado de amistad.
A lo largo de mi vida he tenido varios amigos que coinciden con ambos tipos, aun mantengo contacto con los primeros de manera personal o a través de las redes sociales o vía telefónica o en visitas y/o reuniones casuales. De los segundos no sé casi nada de su existencia. Y no porque no quiera buscarlos si no más bien porque no se les puede encontrar, de todas maneras les agradezco de haber tenido su amistad porque también de ellos aprendí a seguir adelante.
La vida me ha enseñado a valorar y dar el lugar que mis amistades se merecen; y es que cada persona con el pasar del tiempo encuentra el espacio exacto que merece entre nuestras prioridades. Por ello hoy quiero hablar de esos amigos que valen la pena conservar por siempre a nuestro lado. Desde pequeño, en cada etapa de mi vida he ido conociendo amigos que al día de hoy son mis patazas del alma, muchos de ellos desde Jardín o desde la escuela, otros se fueron sumando en el colegio, universidad, trabajo, etc., puedo contar con ellos en cualquier momento y ellos pueden contar conmigo de la misma manera.
Amigos que dejaron huella
Pero dentro de este grupo también tengo amigos que por cosas de la vida ya no están físicamente conmigo, es el caso de Iudín Cruz Asto, a quien conocí aun en la escuela y que falleció hace más de 20 años dejando en mi una pena enorme porque perder un amigo como él, deja un vacío enorme en el alma. Y hace poco también se fue a la gloria de nuestro Señor un amigo del que nunca me esperaba nos dejase aun, me refiero a Camilo Valenzuela Guzmán, mi amigo en el Jardín, mi compañero de sección en la escuela y el colegio y posterior a ello, mi amigo de toda la vida, que cuando nos encontrábamos era motivo para escuchar la música que tanto nos gustaba.
Ya ha pasado más de dos años desde que Camilo se nos adelantó al encuentro de Dios, aun no creo que él se haya ido y más aun cuando le doy play a algún reproductor de música, su recuerdo está ahí en cada canción que suena y me lleva a recordar anécdotas que vivimos…
La canción con la que compartimos más música
Recuerdo una de las primeras veces en las que me reencontré con él en el Cusco y me dijo que me haría escuchar un temón del grupo San Francisco y cuando empezó a sonar me di cuenta que era una de mis canciones predilectas y que quién cantaba en realidad era Scott McKenzie, apostamos la autoría pero ello quedó solo en algo anecdótico porque lo que más nos importó fue que después de tantos años de amistad recién nos dábamos cuenta de que nos gustaba el mismo tipo de música y esa canción en particular llamada San Francisco (be sure to wear flowers in your hair).
A partir de ese entonces comenzamos a intercambiar información de grupos musicales pasando por The Doors, Pink Floyd, Led Zeppelin, Deep Purple, U2, Pearl Jam, The Eagles, Neil Young, entre muchos otros grupos y solistas. Y sí, en nuestras reuniones no estaba permitido escuchar esas canciones pegajosas y efímeras que tanto le gusta en la actualidad a la gente, canciones que una vez pasa su momento no se la vuelve a escuchar más. No, con Camilo se escuchaban verdaderos clásicos del rock, que aun hoy en día al escucharlos pareciera que fueran nuevas composiciones y que nunca pasaron de moda.
Anécdotas inolvidables
Otra de las anécdotas que recuerdo es que una vez coincidimos en uno de los locales del centro de Abancay, junto con otros amigos de la promoción; en ese entonces en el local ponían solo música rock ya sea en español o en inglés, no como ahora que solo ponen pura cumbia o chicha.
Como el grupo era numeroso las jarras de té piteado se agotaban rápido, entonces uno de mis amigos decide apostar una jarra a quien acertaba en decir quien cantaba la canción que en ese instante estaban tocando, Camilo me convenció de entrar a la apuesta, el tema era Invisible Touch de Genesis, mi amigo, el retador, decía que la canción era de Phil Collins pero con lo que no contaba era que Phil pertenecía al grupo Genesis y que esta canción era de esa época, ganamos la jarra y como no se quiso quedar con el disgusto de haber perdido apostamos más canciones y las ganamos todas!
Sí, en reuniones posteriores volvimos a aplicar la misma estrategia, como cuando me hizo enfrentar a un amigo que es fiel admirador de Pink Floyd, que creí que nos iba a ganar pero cuando empezamos a apostar por otros grupos como Deep Purple, The Byrds, etc, sacamos una ventaja considerable.
Son tantas las canciones y los recuerdos que guardo de Camilo, pero todo lo puedo resumir en que él siempre fue un buen amigo, de las pocas personas que estaban ahí cuando los necesitabas, un amigo con el que no había imposibles, no había pretextos, simplemente si tenías que hacer algo el primero con quien podías contar era con él.
Se te extraña amigo, pero estoy seguro que desde en donde estés sigues disfrutando de la buena música, por mi parte da por hecho de que en cada canción siempre estás presente, un abrazo hasta el cielo…
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